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Sólo observar la cara de “yo no fui” del nicotínico de Carlos Marín fue suficiente para darnos cuenta de por dónde iban los tiros.
Con cosas como “las casas encuestadoras deberán revisar su metodología” y fantochadas de ese calibre, los connotados periodistas que participaron en la mesa de debate Tercer Grado, ayer miércoles 4 de julio, trataron de salvar el culo, mantener algo de credibilidad y hacer como si no pasara nada luego de haber manipulado a la opinión pública con unas pinchurrientas encuestas que aseguraron durante meses, todos los días, que Peña Nieto ganaría con un margen de por lo menos 20 puntos.
En pasadas reflexiones, en ese mismo espacio, dijeron de Peña Nieto, los endiosados locutores, que durante el primer debate “Peña Nieto salió a defender sus 20 puntos”. ¡Nunca hubo tal diferencia! Son, por lo menos, una rastra de mentirosos manipuladores. Veamos por qué.
Resulta que una de las costumbres de gran parte de los mexicanos es hacer que su voto resulte útil. O lo que es lo mismo, “vamos a apoyar al que va ganando para que de verdad gane”.
Y se dedicaron a inflar a Peña.
Algunas de las tesis sostenidas por alguno de los reporteros en cuestión era que resultaba imposible poner de acuerdo a todas las encuestadoras para que dieran los mismos resultados y echaban la culpa a “algo”, no sabían qué, pero “algo” que había pasado desde la publicación de la última encuesta, cuatro días antes de la elección y la “fiesta democrática” que vivimos. Y tan campantes.
Marín, que le gritó a Andrés Manuel, otro impresentable, que las encuestadoras eran casi casi el cáliz sagrado de la exactitud durante la visita en la que el político hubo de resistir la abyecta agresión de los periodistas, no dijo nada al respecto y sólo se atrevió a decir, con tonito mesiánico, que los ciudadanos teníamos derecho a saber lo que las encuestas marcaban. ¿Cuáles? ¿Las basuras que Milenio presentó durante meses para ayudar a Peña Nieto?
Y así, con la mesa puesta, llamaron al más indecente de todos, Vicente Fox, para que diera el grito de guerra a los mexicanos que gustan de apoyar al puntero, sea quien sea pero que vaya adelante. Con ello se terminó de cerrar la pinza, y de los dos o tres puntos que Peña le llevaba al peje se pasó a seis o siete. ¡Buen trabajo! Sólo que no les creímos ni las buenas noches, ayer cuando trataron de volver a engañarnos. Periodistas vendidos.
Lo más triste del tema es que no había necesidad: Peña hubiera ganado sin necesidad de tanta marranada. ¿Usted qué opina?
PS. Para qué carajo López Obrador firmó un acuerdo de civilidad si “ya sabía” de las truculencias de la elección. ¿O es que se las está inventando?
PS2. Estuvo más cercana nuestra criticada encuesta donde le dimos la ventaja a Peña Nieto de sólo cuatro puntos.
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