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Esta semana, sin duda alguna, será la más importante de las campañas, en todos los niveles.
Recordemos que el operativo para llevar a Peña Nieto a Los Pinos comenzó hace seis años, cuando el llamado “Canal de las estrellas” le dedicaba al menos tres o cuatro minutos todos los días, en lo que era una clara campaña de posicionamiento que se alargó el sexenio entero. Pero en ésta, la penúltima semana, puede descomponérsele todo lo andado a quien siente ya el terso aroma de la banda presidencial.
Ha sido el de Peña un recorrido entre candilejas, amores y desamores, seguido del romance con la Gaviota que salió a la luz por obra de Televisa. Ha sido, en fin, todo un entramado de telenovela barata que fue calando en la población al grado de mantener al de Atlacomulco con una gran ventaja en cuanto a conocimiento de la gente. Eso y, pensamos, unos regalitos a quienes efectúan algunas de las encuestas más famosas, o a quienes dirigen algunos de los noticieros más vistos.
Sin embargo con lo que no contaban los estrategas del chico copetón era con el resurgimiento de AMLO que aunque avanza, no calculamos llegue tan cerca como para descalificar la elección por completo ni para querer reelegirse como presidente legítimo, pero sí como para, de perdida, increpar algunos resultados por irregularidades que, tengan ustedes por seguro, se darán el primero del próximo mes.
Por lo tanto, en el ámbito nacional, no prevemos mayores sobresaltos salvo que… las cosas se pongan feas. Lo que a continuación comentamos no obedece a malos augurios ni a previsiones basadas en información de ningún tipo, solo a conjeturas.
Veamos: mientras los que mandan en el país, o sea los narcos no se sientan amenazados con que llegue alguien que pueda complicarles la vida, no hay problema. Con una capacidad de fuego similar a la del Ejército Mexicano, la llamada “delincuencia organizada”, es más que peligrosa.
Si siempre se ha especulado con que a Colosio lo mató una bala tricolor porque su llegada ponía en peligro el plan transexenal de Salinas, ahora una bala de cualquier color podría llegarle a cualquier candidato. Este sería el peor escenario, en el peor momento.
Algo intermedio, podría ser que se realizasen unas elecciones medianamente sangrientas en las que los narcos hicieran valer su ley para apoyar a quienes, por ejemplo, han contado con su simpatía -como el caso de Josefina Vázquez Mota quien, abiertamente, alabó y dio su aval al hermano del lavador de dinero de los zetas- o para apoyar la llegada de Peña y la retirada de AMLO, o al revés. Eso, sólo ellos lo saben.
También hay el escenario ideal: unas elecciones libres y democráticas en las que los votos se respeten y nadie presione a nadie, ni se hagan las llamadas concertacesiones que no son otra cosa que la cesión de cientos de miles de votos de un lado para otro por parte de los pragmáticos partidos que, cabe decirlo, en eso se entienden muy bien.
Claro, esta utópica posibilidad, la del orden y la paz la mencionamos por si de pronto nos convertimos todos los mexicanos, malos incluidos, en lo que no somos, suizos, por ejemplo.
En Chiapas y en Yucatán los abanderados del PRI al gobierno no tienen quien les haga sombra ni remotamente y tienen, salvo sobresaltos inesperados, el triunfo asegurado. No es así en otros lares.
Sólo nos queda una pregunta: ¿será necesario llevar chaleco antibalas a la votación?
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