|
Antes siquiera de que terminara el clavado de una de las participantes que no obtuvo premio en las olimpiadas de Londres, ya el locutor, el de la fábrica de sueños, decía que aunque le iban a dar malas notas porque entró chueca, la verdad es que había logrado altura y su posición en la ejecución había sido inmejorable. Justificar el error ante todo.
Y es que los infladísimos atletas mexicanos –menos del 5 por ciento ha pasado a rondas finales- han sido carne de marketing de Televisa y TV Azteca durante años. ¿Por qué? Pues porque las expectativas consiguen televidentes y nosotros a la vez, nos convertimos en moneda de cambio a la hora de vender spots televisivos. Si nos dijeran que no hay posibilidades de ganar, pues poco rating tendrían ya que sintonizaríamos cualquier cosa menos la exhibición de nuestros fracasos y ridículos.
Siempre –salvo honrosísimas excepciones- la justificación y el pretexto. Siempre el casi se pudo. El ya merito. El “nos hicieron trampa”.
Igualitos que AMLO. Ya se atrevió el pejeloco a amenazar diciendo que Peña Nieto no se sentará en “la silla”. Claro, podríamos contestar, siempre y cuando los millones que sí votaron por el priísta y el Estado Mexicano no se impongan a la barbarie a la que comienza invitar quien se dijo adalid de una patria amorosa, el siempre mal perdedor, Andrés Manuel.
Las medallas se obtienen con puntos, con marcas, con resistencia, fuerza, velocidad. Las elecciones con votos. Y cuando se pierde, no se vale amenazar soterradamente con revoluciones y desacatos a la ley. No se vale prender la mecha de la discordia en este México tan lastimado.
Hoy hay poco que decir salvo que es triste perder. Pero más vergonzoso no admitirlo.
|