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Nuestra tía Josefita siempre se dedicó al hogar. En realidad, era nuestra tía abuela de legendaria memoria ya que murió siendo joven y con ello, cada cosa que hizo se agigantó hasta convertirla en referencia obligada. Mientras vivió, se dedicó a su casa y al cuidado de sus sobrinas, entre ellas, cuando era menester, nuestra madre.
Era buena, nos decían ¡Casi una santa! Cuando hubo que dejarle a sus sobrinos a cargo, por más que fueran latosos, ella los cuidó con esmero y dedicación, y les preparaba de comer una sopita deliciosa. Mas no por ello pensó que gracias a sus cualidades podía ser presidenta.
Y es que ahora, otra Josefita -Josefina, para ser exactos- huyó del hogar para alcanzar la gloria y convertirse en la presidenta de México, al estilo Evita pero exitosa, muy probablemente inspirada en la naquita Martha Sahagún, de nefasta memoria y que tanto nos asqueó durante el sexenio del ex vendedor de cocacolas, Vicente Fox.
Con ello, dejó de ser la mujer de su hogar y se puso a hacer el ridículo con su tonito cansino, con sus gestos maternales que tanto escalofrío nos causan, sobre todo porque está dedicada, en sus insufribles discursos, a hablarnos de las bondades del actual presidente de México, Felipe El Valiente.
De él, de Felipe, sólo falta que diga que en su sexenio hemos gozado de paz y tranquilidad y que todos somos felices por el clima de concordia que reina en el país. Hablar bien de Calderón será su ruina; es más, ya fue su gran error. Todo lo que tiene que ver con el llamado genocida de México, apesta.
Si tuviéramos que dejar a nuestra familia a alguien –pensamos- no lo haríamos con quien admira al que “ha convertido a este país en un camposanto”, parafraseando al odioso Sicilia. Tampoco lo haríamos con quien tiene que pedirle permiso a su mamá para todo porque el tal Quadri resulta insoportable y no quisiéramos suicidios familiares colectivos. Así que hay dos opciones: el viejo terco o el joven terco. Vamos, la terquedad no ha matado a nadie. Y este país puede navegar con cualquiera de las dos opciones.
Lo malo será que, y es bola cantada, el que va a ganar es Peña Nieto y el que va a montar un escándalo es AMLO. Y así, si los suspirantes hacen un desastre de la nación, pues podemos ir todos juntos a casa de Josefina a comer sopita y a que nos cuide con ese amor que dice sentir por nosotros, mientras los unos y los otros se trenzan en una guerra –otra más- para llegar a ocupar la silla que hace muchos años ya tiene nombre. ¿O piensan lo contrario?
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