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En la que pudiera ser una fotografía del actual estado de ánimo de la gobernadora, quien suda los últimos días de la calentura de su desatinado gobierno, el comercial de Milenio sobre la reforestación de un rancho particular, retrata a doña Ivonne desencajada, sin tanto glamour ni maquillaje y sin la sonrisa de juerga que le ha acompañado en su periplo por la capital yucateca luego de dejar su terruño amado: Dzemul.
La televisión no perdona. El espejo tampoco. Y si consideramos que somos los medios de comunicación los que fungimos como verdaderos espejos del poder, pues resulta que aparte de las publicaciones vendidas, el malestar por su gobierno se acrecienta y se nutre de sus garrafales errores y su falta de logros, y sólo algunos lo reflejamos fehacientemente cargando muchas veces la furia o el desdén -que se traduce en bloqueo- que nuestras observaciones les causan.
Y en ese ejercicio crítico nos volvemos a preguntar nomás por joder: ¿dónde quedó el tren bala? Realmente esta resulta ser nuestra pregunta favorita por lo jocoso que resultan las torpes respuestas. Se nota que en la preparación de las ofertas de campaña se buscaron hasta los más disparatados argumentos con tal de ganar. Esos argumentos se convirtieron en promesas, en programas y en olvido.
¿No están obligados los políticos a cumplir lo que prometen? ¿No hay quien les pueda llevar la cuenta?
Decíamos que la gobernadora está angustiada pero no porque “olvidó” construir su tren bala, ni por su fallido debut como extra de telenovela barata que le ofrecía una carrera nomás desentenderse del gobierno. No. Está nerviosa porque las balas, esas que matan, comienzan a silbar por Yucatán donde ya se registra presencia real del narcotráfico y las bandas de secuestradores de otras partes del país, han venido siguiendo a los ricos de todo México que han buscado en esta tierra lo que ya no se les puede ofrecer con certificado de garantía: seguridad. Eso, por lo menos, es lo que parece, pero…
Se dice que algunas de estas acciones no tienen que ver con la partida de Ivonne sino con la retirada de Saidén. Sin profundizar mucho en las aguas turbias de los asuntos policiacos, creemos que una buena medida sería ratificar de una vez por todas al todopoderoso jefe de la policía y así ya nadie tendría la necesidad de demostrar que es indispensable. Claro, faltan las elecciones, pero prometer no es complicado, remember el trenecito famoso.
Dicen las malas lenguas que a pesar del incremento de presencia policiaca en Mérida, los controles se relajaron para que un par de eventos como los sucedidos en estos días, digamos secuestros y presencia de narcos en la zona, sucedieran y se notara que los yucatecos queremos lo mismo que los malos: que se quede Saidén.
¿Las razones? Esas la gobernadora sí las sabe y de ahí que ande toda triste y despeinada. ¿Eso y la preocupación porque no le cuadran las cuentas ni en su administración ni mucho menos en su declaración patrimonial?
Ha sido demasiado cash que esconder. Pero ni modo, las mordidas o regalitos, como quieran llamarle, se reciben así. En maletas. |