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Aunque pocos, siempre cobardemente anónimos, los insultos, amenazas y descalificaciones llegados a nuestro correo por haber llamado genocida al genocida de Calderón, nos llenaron de cierta ternura: hay todavía gente inocente en el mundo. Bien. O lame suelas de Calderón. Mal.
Pero para los que creemos que el mundo tiene mucho de “sangre, sudor y lágrimas”, creemos que la matanza de mexicanos sí tiene su origen en la torpeza e ignominiosa soberbia de quien convirtió un problema de trasiego de droga en guerra, guerra que lleva ya decenas de miles de bajas.
Como es sabido, el tal Felipe goza de un mal carácter que lo ha llevado a ejercer el poder en plan picapleitos y que busca más ganar la riña que resolver el problema. En realidad poco le importa saber por qué se está peleando. Le es rentable.
Decimos que la responsabilidad de la matanza tiene su origen en la estupidez del “Presidente del empleo” por lo siguiente: cuando Calderón asumió el poder, habían en el país algunas pocas decenas de miles de gentes, entre capos, lugartenientes, transportadores y productores en el negocio de la droga. Estas gozaban de casi total impunidad y miles de millones de dólares en sus cuentas.
Nomás comenzar las hostilidades por parte del comandante Felipe, los capos decidieron armarse, formar verdaderos ejércitos para defenderse del ataque y de unos cuantos miles se pasó a más de un millón de gentes involucrados directa e indirectamente en el negocio de las drogas, personal del ejército incluido.
Así las cosas, con tanta gente en el negocio que en vez de dinero recibían en pago por sus servicios estupefacientes, la droga dejó de ser una mercancía en tránsito y se abrió el mercado de consumo nacional que emplea, por su parte, a decenas de miles de narcomenudistas. Claro, los narcos de siempre continuaron llevándoles a los gringos sus “polvos mágicos” -con los que olvidan su extraña realidad- y el negocio creció exponencialmente, primero, para defender el mentado tráfico y, segundo, para mantener un inmenso y poderoso ejército que a su vez marcó territorios, causa secundaria pero directa de la matanza. De ahí que se hayan decomisado más de 120 mil armas de asalto y más de 500 aeronaves en lo que va del sexenio (no quiere decir que ya estén desarmados; por cada arma decomisada puede haber tres en servicio) y existan ya verdaderos pueblos fantasmas.
La estrategia era más sencilla. Atacar las finanzas de unos pocos miles de capos mediante una policía secreta e ir disminuyendo la presencia de estos delincuentes cuando todavía eran pocos. Pero no, a declararles la guerra. Y ellos, claro a defenderse y convertirse en cientos de miles. Por eso decimos que la guerra de Calderón es genocida. Y estúpida.
Otra versión es que Calderón no tiene nada de estúpido y sí mucho de perverso. El trasiego de droga ha requerido de la compra por parte de todos los bandos inmiscuidos en esta guerra, de miles y miles de armas y suplementos militares. Las comisiones, mal pensando, pudieran ser muy generosas, sobre todo porque ahora hay que armar al famoso Northcom: Comando del Norte EEUU-México-Canadá.
De esta manera y aunque nos insulten, nos mantenemos en lo dicho. Calderón con su mesianismo, torpeza, perversidad o ceguera, puede irse a donde suena feo.
PS. Lo hemos comentado en corto. Es lamentable y factible que el narco quiera descomponer el clima electoral ejecutando a algún o algunos participantes en la contienda del primero de julio. El primer intento pudo haberse dado ya contra AMLO. Esperamos estar equivocados.
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