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Ni por dónde comenzar. Vámonos por lo nacional y la próxima hablaremos de Yucatán.
Según Consulta Mitofsky, antes del gazapo, error, idiotez, demostración pública de ignorancia, o como le puedan llamar, de Enrique Peña Nieto, las preferencias de los electores reflejaban que la coalición PRI-PVEM-PANAL contaba con el 40 por ciento, seguida del PAN con 21 por ciento y de la coalición PRD-PT-MC con 17 por ciento.
Nos queremos imaginar que el pueblo mexicano, aunque muchas veces ha sido engañado con bestias redomadas y mal intencionadas como Luis Echeverría y Vicente Fox, ha ido poco a poco, desfalco a desfalco, muerto a muerto, aprendiendo la lección y ese porcentaje se verá completamente distinto en la próxima muestra, para felicidad de Acción Nacional.
Es cierto que Calderón es un tipo listo y que a pesar de ello, equivocó el camino y metió innecesariamente a los mexicanos a una guerra sin cuartel y sin código postal, o sea, por todos lados, sin distingos y con muchos muertos. Aquí lo que le faltó a Felipillo el Grande, fue criterio político.
Entonces, si ya aprendimos las mil y un lecciones por confiar en lo que nos dicen los políticos de moda, debemos, por lógica, poner especial atención en los primeros síntomas de que el producto de marketing en que se convertirán y nos los venderán por Televisa y TV Azteca, viene fallado de origen.
Tal es el caso de Enrique Peña Nieto. Aparenta ser, el mexiquense, de una ignorancia supina, entendiéndose ésta como “la que procede de ignorar lo que puede y debe saberse”. Miren que no saber en cuánto anda el salario mínimo es una tontería superior a su falta de interés por la lectura. Cada quien es tan ignorante como quiera ser. Los libros ahí están. Pero otra cosa es pretender llegar a la presidencia de México sin saber siquiera cosas tan simples como el tamaño del hambre de los mexicanos. “Más burros no”, se oye por todas las calles de todo el país.
Para ganar, Peña Nieto deberá echar mano de los activos humanos probados con los que cuenta su partido, por ejemplo el inteligente veracruzano Fidel Herrera Beltrán, quien a pesar de sus detractores es un extraordinario operador político. Lo conocemos en persona y es capaz de convencer a casi cualquier persona, de casi cualquier cosa.
En el caso de los precandidatos panistas, y según la misma encuesta Mitofsky, resulta que en el PAN las cosas están como parecen: “Las preferencias entre los ciudadanos identificados con el PAN, favorecen a Josefina Vázquez Mota, con el 52 por ciento de las preferencias; seguido de Santiago Creel, con el 35 por ciento y Ernesto Cordero, con el 9 por ciento”.
O lo que es lo mismo, ¿a qué le tira Ernesto Cordero? El nimio porcentaje a su favor obedece a que es un arribista que de ser un gris secretario de Hacienda pasó, porque se le ocurrió, a ser precandidato a la presidencia. Si Cordero tuviera asesores sinceros, ya habría escuchado lo que seguramente no le han dicho: “Ernesto, eres un tipo que cae mal y no tienes posibilidad alguna de remontar la diferencia que tienes con Creel, ya no digamos el abismo que te separa de Josefina, y ese 9 por ciento es de despistados que no comulgan con los otros dos; no es que te quieran”.
Todavía Creel, si por alguna causa las mujeres, todas las mujeres, reniegan de su sexo y le dan la espalda a Josefina, tiene alguna posibilidad. Pero eso está por verse. Sin embargo, los dos son personas preparadas y cuentan con una poderosa estructura a su servicio: la de los programas federales.
Esta será una elección que decidirán, en primera instancia, los electores, pero desde luego los operadores jugarán un papel fundamental. Luego, si todo eso no es suficiente, los tribunales y, finalmente, lo que diga “El Jefe”, ese que suele comer a cada rato con Peña Nieto.
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