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Como ya es una feliz tradición en gobiernos corruptos, el primero de enero comenzó el “Año de Hidalgo”. A lo largo de nuestra vida, hemos escuchado cómo alcaldes, gobernadores y presidentes barrieron con los activos de la nación de manera abyecta. La historia parece repetirse.
Ayer por la noche, un twitter nos alertó por su contenido: “En el Parque Hidalgo cambiaron el mármol y adoquines franceses de 100 años ¿Dónde quedaron?”. Pocos minutos después, ya le habíamos dado al comentario lo que en la jerga cibernauta se conoce como retwitt para llegar a todos nuestros seguidores, y de inmediato la primera contestación no se hizo esperar: “En el garaje de la Araujo”. Claro, es muy simbólico comenzar por alusión con el parque del padre de la Patria.
He escuchado de alcaldes de pueblo que se llevan las sillas, cuadros, desmontan aires acondicionados, se llevan mesas y lo inimaginable, pero…¡despojar al Parque Hidalgo de sus elementos arquitectónicos para -nos imaginamos-, engalanar la residencia de alguna de las que se marcharán este año sería demasiado descaro!Anticipamos que luego de esta denuncia y si es que todavía les queda algo de decencia, aclararán "que no, que el mármol lo están guardando para volver a ponerlo o reubicarlo”. Ajá.
Hemos sabido de sinvergüenzas sin igual. Hubo algunos que, de plano, asaltaban a algunas personalidades con el conque de que era, el asaltante, nada más y nada menos que el presidente de México. Recordamos algunas anécdotas del presidente Echeverría, entre ellas dos de las más pintorescas: Resulta que por ahí de 1975, el presidente le hizo el favor al coronel José García Valseca, enfermo y cansado, de visitarlo en su casa. El coronel, lo recibió en su biblioteca donde guardaba en vitrinas una de las más grandes y completas colecciones privadas de armas. Todas legalmente registradas.
En un momento dado, el presidente se quedó observando tan increíble variedad de armas y exclamó: “Coronel, que maravillosa colección ha juntado usted, en verdad es admirable”. García Valseca, abrumado, contestó lo que procede de la urbanidad: “Están a sus órdenes señor presidente”. Echeverría le agradeció y tras una breve despedida se marchó. Dos horas después, dos “mandos medios” del Estado Mayor Presidencial se apersonaron en la casona del Coronel y se identificaron como enviados del presidente para “recoger” el amable regalo que el primero le había hecho al Ejecutivo. Cargaron las maravillosas armas de don José y se las llevaron para la residencia privada del entonces presidente, en San Jerónimo. Ahí deben seguir.
No conforme con el primer asalto, Echeverría despojó al coronel de su cadena de periódicos “Los Soles” porque según el gobierno éste le debía mucho dinero a PIPSA, empresa papelera controlada por el gobierno. Esa cadena, hoy convertida en la OEM, fue vendida con facilidades a Mario Vázquez Raña quien la fue pagando en abonos chiquitos, con una quita de más del 50 por ciento y a 20 años. Claro, se entiende que Vázquez Raña es un vulgar testaferro del loco de San Jerónimo y líder imaginario de los países del tercer mundo. Ah, Echeverría, antes de marcharse, también vació las arcas nacionales.
Y siguió López Portillo y, de alguna manera, se clavó los bancos. Y pasó De la Madrid y se puso a imprimir dinero sin control y abusó de la “partida secreta” hasta el cansancio hasta lograr la más infame devaluación del peso mexicano de la historia. Y Salinas se quedó, entre otras cosas con Telmex. De los panistas se sabe que Fox está bien de cash luego puede mantener el majestuoso Centro Fox, y Calderón, pues veremos qué nos deja.
Regresando al Parque Hidalgo y a las damas que “gobiernan” Yucatán, habrá que ver qué dejan, qué se llevan, qué regalan a sus galanes tras las tardes de tertulia en Palacio, cuántos “Rolex” reparten a periodistas nacionales con cargo al erario público y, lo más importante, en qué estado van a dejar las arcas estatales y municipales.
Sólo avisamos: ¡Aguas!, es el año de Hidalgo. Si usted nota que falta algo en algún lugar público, no sé, una fuente, un andador, unos confidentes antiguos, avísenos, aquí sí lo denunciamos.
Una sola recomendación para las que se van, ¡no sean ratas!
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