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Según dice nuestra Constitución, nomás comenzar, o sea en el Artículo Primero:
“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”
Esto hay que entenderlo en toda su magnitud, en todos sus alcances. A razón del tema que nos ocupa, que es sobre la discriminación a los que más tienen, es decir, a los que tienen una condición social distinta por encima de la media nacional y tomamos ese único punto para tratar el tema de hoy.
No es posible que se quiera cobrar más, de manera exponencial en todos los rubros impositivos, a los que más tienen. Veamos.
Si alguien, por ejemplo, ha trabajado y ha sido exitoso como profesionista tras años y años de estudio, y mantiene una situación económica estable, sana, aspiracionalmente alcanzada, el gobierno y sus dependencias se ensañarán con él hasta chuparle la última gota de sangre.
Si tiene aire acondicionado en su casa y consume más luz que el promedio de la población, se le quita el subsidio gubernamental. Esto es discriminatorio pero vale. Lo que no puede ser, es que además se vaya incrementando la tarifa de luz mientras más consume. O lo que es lo mismo, al revés de las leyes del mercado que indican que a mayor consumo menor costo. Los famosos precios de mayoreo.
Esto, aplica también para los impuestos sobre la renta y, el colmo, para ser acreedor o no a la exención del aberrante impuesto a la tenencia vehicular que sólo ve como beneficiarios a los que tienen coches de menos de 300 mil pesos. Se castiga el éxito. ¿Por qué? Más justo sería que si los que no han podido comprar un coche de esa cantidad reciben el beneficio de la exención, a los que han comprado coches más costosos se les exentara la parte proporcional del impuesto, de tal manera que los primeros 300 mil pesos del cálculo impositivo fueran merecedores de la exención.
En España, por citar un ejemplo, a través del Ministerio de Educación, el gobierno premia a los que más tienen de una manera muy singular. Las escuelas privadas tienen una tarifa variable. Todos los niños reciben una subvención fija del gobierno, y si los padres sólo pueden acceder a una escuela que tenga una tarifa que sea cubierta al cien por ciento por el gobierno, inscriben ahí a sus hijos, pero los que pueden y quieren tenerlos en una escuela más cara pagan la diferencia. Así, todos aspiran a tener más, no a conformarse con tener menos.
En México, a los niños que acuden a los centros educativos de gobierno se les subvenciona el 100 por ciento del costo de su educación. A los niños que asisten a escuelas privadas, sólo se les otorgan los libros oficiales. Pero nada de subvención. ¿Qué los niños con recursos no son mexicanos?
Nos preguntamos ¿Es delito consumir más? ¿Está mal comprar un mejor coche? ¿Tiene algo de malo que los que pueden inscriban a sus hijos en escuelas privadas?
Parte de la desgracia de nuestro país es que millones aspiran a vivir de manera mínima para ser beneficiarios de descuentos, subvenciones, exenciones, en vez de buscar, a toda costa, subir en la escala socioeconómica.
Si en este país las leyes fueran justas, los apoyos serían para todos. Ayudarían al que menos tiene y premiarían al que ha conseguido superarse. Pero no, aquí todo es contra los que más tienen para que, de alguna manera, no puedan mantener una calidad de vida aceptable.
Entendemos que estos puntos pueden ser discutibles, pero estamos hablando de igualdad. Si usted tiene algo que comentar, lo invitamos a que lo haga en los “comentarios” de este artículo, o nos envíe sus observaciones a administracion@yucatanhoy.com
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