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La guerra, es una masacre de gentes que no se conocen
para provecho de gentes que sí se conocen pero no se masacran: Paul Ambroise Valéry
Es muy común escuchar sobre la paz que reina en Yucatán, tierra de gente noble y bellas tradiciones; sobre poder andar por las noches de brisa tardía y disfrutar las bellas avenidas y calles coloniales de Mérida sin temor a ser asaltados. Todo porque la tranquilidad que reina en el estado se remonta a varias décadas atrás y pareciera que no tiene trazas de romperse, como ha sucedido en otras partes de México, vamos en casi todo México.
Aquí, y valga el gerundio, viene sucediendo que cientos de miles de compatriotas de toda la geografía nacional, retirados o que han sufrido por la violencia, el hacinamiento, la pobreza o la impunidad, han tomado sus bártulos y caído en esta tierra bendita a la buena de Dios y para ver qué hacen y cómo reconstruyen sus vidas, sin más raíces que las mexicanas y sin más conocimiento del medio que lo que les da un mapa callejero.
Así, Mérida, la de las familias del norte que se conocían entre sí y las del sur que servían a las del norte, se fue convirtiendo en una ciudad cosmopolita que lo mismo acoge a escritores, doctores o buscavidas que… maleantes.
Todavía ayer, nos contaba un amigo, su hija que venía de Progreso a un evento, calculó mal a la hora de cambiarse de carril y se le cerró a un automóvil con placas del DF. Un sonoro claxonazo la hizo retornar al carril original y simplemente siguió su camino hasta llegar a la entrada de Mérida. Sin embargo, al frenar en un tope, el automóvil “agredido” metros atrás la embistió a propósito. La chica bajó asustada de su automóvil a ver sus daños y del otro. Del otro auto descendió un tipo alto, prieto y mal encarado que le reclamó amenazante, por el “cerrón”. Oiga, no me di cuenta, le reviró la chica, pero usted me chocó a propósito. Con lo que no contó el grandulón fue que a cinco metros del tope había un retén que abortó, lo que parecía derivaría en una agresión más violenta por parte del fuereño a la indefensa chica. Increíblemente, el sujeto viajaba en su automóvil con mujer e hijos.
Son bienvenidos todos los mexicanos, y así lo deben haber sentido, que vienen en son de paz a trabajar, a invertir, a progresar. Muchos de ellos son ejemplo de cómo se hacen bien las cosas y Mérida les debe gran parte de su desarrollo, pero hay otros que…
También es común escuchar que en Mérida hay una especie de tregua en donde viven las familias de los narcos, que aquí hay una especie de “arreglo” con las autoridades para que ésta sea una zona neutral y que así todos felices. La información raya en lo absurdo, pero no deja de tener cierta lógica trasnochada si consideramos que aquí, prácticamente no pasa nada. Bueno, no pasa nada en las colonias del norte.
En las colonias periféricas, sin que se llegue a los extremos de cárteles de las drogas destripándose, existen y coexisten cientos de pandillas que a algo se deben dedicar. Y ellos son los que nos deben preocupar. Para que en una ciudad exista paz duradera, debe haber integración general, no puede haber marginados ni zonas suburbanas ajenas a esa paz. El control debe ser integral y si de algo se habla es que en Mérida, ya sea en el Norte o el Sur, el Este o el Oeste, se puede conseguir droga de cualquier tipo. Droga y otras cosas, vamos, de todo para todos los gustos. Y estas cosas solo pueden ofrecerlas las mafias. Mafias que por ahora no se atreven a tomar las calles como en otras partes del país por respeto a las pistolas y rifles de alto poder que ostentan los cientos de patrullas y miles de policías emplazados en la zona comprendida del centro de la ciudad a la salida a progreso. Esa zona, es la que puede llamarse “zona limpia”, zona de paz. En esta área protegida ondean las banderas blancas. Ojalá y éstas se extiendan a todo el territorio municipal, aunque no tengan paseos y avenidas de categoría. Si no, otras banderas, bendecidas por la necesidad comenzarán a otear el horizonte y acabarán con el espejismo que ahora pretende atraer turismo y sólo atrae inmigrantes.
Creemos que la gobernadora ha hecho un buen trabajo, sólo falta que esa labor sea integral. Ella tiene la capacidad y quiere un estado donde reine la paz. Falta que los que la rodean quieran lo mismo que ella.
PS. Hasta cuándo van a torturar a los policías con esos inhumanos trajes negros. Dan pena. |
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