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Una viajera no es, por lo general, una agente de viajes. Una compradora compulsiva de ropa cara no es, necesariamente, modelo de pasarela. Una televidente no se convierte, sin tener talento, en una estrella de telenovelas. Una tonta no resulta ser inteligente, si acaso listilla, con un poco de estudios y algo de padrinazgo. Una ladrona no es ni será honrada nunca, ni por error. Una mentirosa, jamás podrá decir la verdad. Por lo menos así pensamos.
Sin que el párrafo anterior tenga obligadamente que ver con la bella Ivonne, nos dicen que la funcionaria a cargo del Ejecutivo se anda promoviendo -entre los que tienen la suficiente sangre fría para no reírse- para el gabinete de Enrique Peña Nieto, candidato ganador de la Presidencia de la República.
Dicen que la quieren para el área de turismo, es más, aseguran que va de secretaria del ramo. Soñar no cuesta nada. Creemos que Peña Nieto conformará un gabinete a la altura de las circunstancias, con personas sensatas, preparadas, con sensibilidad social y con un currículum impecable. En ese esquema no tiene cabida la mencionada gobernadora.
Y es que el hecho de haber utilizado las ruinas mayas para traer artistas y cantantes a un elevadísimo costo sólo para sentirse promotora, no la hacen candidata a ocupar la cartera de turismo. Ah, y su museo maya a medio hacer -que según ella tiene más acero que la Torre Eiffel- no la hace constructora de nada, salvo de fortunas.
México, sentimos, requiere de personajes de talla internacional para promover sus riquezas históricas y naturales alrededor del mundo. No a fantoches que se dicen herederas de la sabiduría maya sólo por el hecho de tener un micrófono y audiencia acarreada que las escuchen.
No hay que confundir las cosas. Aquí, en Yucatán, se sacó la elección a favor del PRI a duras penas. Fue Rolando el que jaló la gente, no Ivonne. Peña Nieto lo sabe. La que parece no aceptarlo es quien ya prepara sus maletas Louis Vuitton para ir a dar la vuelta a México nada más dejar su engorrosa encomienda, a hacer antesalas, primero a las oficinas de EPN y luego si las cosas salen como van a salir, a Televisa para enfrentarse a la realidad, esa que le confirmará que no se le estima ni como política ni como artista, y regresar eso sí, mejor equipada que cuando destazaba puercos, con sus ternos de mestiza y sus filigranas recién adquiridas, a su carnicería de Dzemul.
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