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Ahora que la gobernadora y la alcaldesa de Yucatán y de Mérida, respectivamente, se reunieron con Gabriel García Márquez y Alvaro Mutis en la Ciudad de México, me acordé de uno de los primeros libros de "literatura formal" que cayeron en mis manos: "La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada", de Gabo.
Ese libro ( uno de los que "Angi" pidió al Nobel de Literatura que le dedicara) me impresionó desde el principio. Eréndira, a quien su abuela vendía al por mayor a los hombres, tenía tantos clientes que entre uno y otro tenía que exprimir las sábanas. Nunca se me borró esa imagen. Así de sutiles pueden ser las referencias sexuales en un buen libro, y a veces, mientras más sutiles, más impactantes. La violencia no siempre radica en la sangre.
Esa imagen la trasladé involuntariamente años después a una película franco-belga que me impresionó: "El bebé de Macon", en la escena de la violación masiva a una mujer que se atrevió a fornicar con un sacerdote. Su castigo fue "pasar por la soldadezca". Entonces me acordé de las sábanas exprimidas cuando la mujer, medio muerta, vuelta un guiñapo, era embestida por uno de los últimos soldados.... eran quinientos, o algo así...
De Gabo también recuerdo con cariño, en mi adolescencia, uno de sus cuentos no tan famosos tal vez: "Ojos de perro azul", la historia de una pareja que conoce y se enamora en sueños. Uno de ellos (él o ella) despertada con la consciencia de ese amor, y escribía "ojos de perro azul" en todas partes esperando que el otro, en algún lugar del mundo, lo leyera y la encontrara "en el mundo real". Pero el otro, cuando despertaba, no recordaba su sueño. Siempre me pareció una historia terrible, como todos los amores no correspondidos... Y por cierto: No me imagino al Gabo en el concierto de Juanes. Tampoco me lo imagino en Mérida tomando un "sorbete" del Colón, pero como dice el buen Silvio... "Ojalá..." |