Fundador:
Alberto Loret de Mola / Director General: Cristián Loret de Mola.

Su imagen queda ahí, en la Historia. Así, con mayúscula, porque desde hace tiempo, cuando mencionamos su nombre vienen consigo un sinfín de imágenes, de ideas. Ahora no sólo es actriz, es referente. No se llevó el Oscar, pero no necesitó subir al escenario a recibir la estatuilla para ser ganadora, porque hoy es símbolo de una sociedad que se ve representada. Su triunfo está ahí. Vestida en Dior, Gucci o con piezas textiles de su natal Oaxaca, Yalitza ya es figura icónica. De ella hablaremos por muchos años, decida o no dedicarse a la actuación. Su nombre aparecerá como pieza de este parteaguas provocado por Roma, primera cinta mexicana reconocida como Mejor Película en Lengua Extranjera; la historia que Alfonso Cuarón imaginó y acuñó con sus detalles, con la que rindió homenaje a las mujeres de su vida; la producción que hizo a Netflix enfrentarse a una industria recelosa del cambio inevitable; la película vuelta herramienta de movimientos sociales, más visibles que nunca. Yalitza es parte de eso, es eso. Sin embargo, su imagen nos ha llevado también a un espejo, a uno tristísimo desde el que nos vemos en nuestra triste y patética transparencia: México sigue siendo un país en el que la discriminación continúa moviendo todos los tentáculos, incluso los más invisibles de nuestra sociedad. Ella ha sido objeto de toda clase de mezquindades, ésas que nos destapan como una sociedad profundamente, como lo expresó el mismo Alfonso Cuarón. A Yalitza la han descalificado por “no ser actriz”, según otras actrices de la industria del cine y la TV nacional, como Lilia Aragón o Laura Zapata. Ha sido presa de insultos por su etnicidad, como lo reveló un video en el que aparece el actor Sergio GoyriYalitza ha provocado que más de una figura pública resbale y evidencie aquél, el dedo con el que se señala y discrimina. “Yo quiero una Yalitza en mi casa...”, dijo la cantante Yuri a un programa de espectáculos, en un intento por matizar declaraciones previas todavía peores. Un supuesto boicot al camino de Yalitza rumbo a la entrega del Ariel hizo que actrices como Ana de la RegueraAna Claudia Talancón y Karla Souza desmintieran la rivalidad y enojo que alguien, a través de un rumor, decidió soltar quién sabe con qué agenda o intenciones (son irrelevantes). Yalitzatambién nos representa en eso: ese lugar donde los mexicanos últimamente se reconocen tan dueños de algo, lo que sea: la envidia. Ésa que nos revela como una sociedad a la que le cuesta, ya no digamos celebrar, si no al menos, aceptar el éxito ajeno. Y como subproducto de esa frustración, la exacerbación del prejuicio y el menosprecio como único acto de “autoestima” restante. Ellos son los personajes públicos: los anónimos en redes, también sobran. A Yalitza, incluso, se atreven a juzgarla por su físico, como si la maravilla de la diversidad no estuviera justo en las infinitas posibilidades de la belleza. Y por cierto: habría que recordar a todos los mexicanos que somos, en nuestra totalidad, producto del mestizaje. Quien lo piense distinto solamente está exhibiendo su adicional y lamentable ignorancia.

Muchas personas, en todo el mundo, asocian el fenómeno del populismo, democracia iliberal, o como quiera llamarlo, al triunfo de Donald J. Trump en 2016. Por lo mismo, creen que una vez que este deje el poder, sea por desafuero o por no lograr reelegirse, el mundo regresará a la normalidad. Me parece que esto no tiene sentido.

El enfrentamiento público entre Yeidckol Polevnsky, dirigente nacional de Morena (recién ratificada), y Cuauhtémoc Blanco, gobernador electo de Morelos, está destapando no solamente problemas en el seno de la coalición Juntos Haremos Historia, sino resabios de rencor contra los conquistadores españoles que hace rato debieran estar superados.

Al referirse a José Manuel Sanz, representante y brazo derecho de Blanco, y el supuesto papel de éste en la compra de lealtades entre los diputados locales de Morelos, Polevnsky tuvo una expresión despectiva e innecesaria, que no corresponde a la lideresa formal del partido que gobernará México.

De acuerdo con versiones periodísticas, en una reunión con legisladores locales de Morena en la que tronó contra Cuauhtémoc Blanco –al que llamó “el futbolista”–, Polevnsky se refirió así a Sanz:  

“Nosotros teníamos ocho diputados con los cuales éramos el único grupo parlamentario que podía hacer mayoría (en Morelos). Nos ha ido quitando el españolete éste, a nombre del gobernador, a nuestros diputados”.

De acuerdo con la Real Academia, el sufijo –ete se emplea para “formar diminutivos, despectivos u otras palabras de valor afectivo, a veces de manera no muy explícita, a partir de adjetivos y sustantivos, como regordete, calvete y vejete”.

Es curioso que Polevnsky se escandalice hasta ahora por los modos de Blanco y Sanz, pues hace rato que uno y otro han sido señalados de llevar a cabo maniobras cuestionables en la política morelense.

Sin duda se calló lo que piensa de ambos a la hora de formarse la alianza entre el Partido Encuentro Social y Morena que –junto con el Partido del Trabajo– integraron la coalición Juntos Haremos Historia, que postuló a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República y a Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura de Morelos.

Sanz, en efecto, nació en Madrid en 1950, pero desde 1982 se naturalizó mexicano.

Contra él han caído mil críticas, desde hace más de 30 años, por su forma de realizar negocios relacionados con el futbol. Por eso es extraño que hasta ahora reaccione la dirigente de Morena, cuando se siente “robada” de sus diputados locales.

Las declaraciones de Polevnsky revelan muchas cosas. Entre ellas, una forma patrimonialista de concebir la política pues, según dijo ayer, correspondía a Cuauhtémoc Blanco poner a disposición del morenista Rabindranath Salazar la mitad del gobierno de Morelos.

Pero no sólo eso: justo en los días en que México está celebrando su independencia de España y cuando están a punto de cumplirse 500 años de la llegada de Hernán Cortés a suelo mexicano, Polevnsky lanza su adjetivo incendiario contra los españoles.

¿Qué hubiera sucedido en México si un alto dirigente del gobernante PSOE hubiese llamado “mexicanete” o “mexicanito” a alguno de nuestros compatriotas que viven en aquel país, entre los cuales hay varios que tienen influencia y notoriedad en distintos ámbitos?

Me pregunto qué pensarán de las palabras de Polevnsky los militantes, simpatizantes y activistas de Morena que tienen un marcado origen español, como el escritor Paco Ignacio Taibo II, entre otros.

Por supuesto, Cuauhtémoc Blanco no tardó en aprovechar el exceso de la dirigente morenista y para aparecer –¡imagínese usted!–, como el sensato de esta historia.

En su cuenta de Facebook, el gobernador publicó ayer lo siguiente:

“Reitero mi absoluto respeto a las opiniones de la dirigente nacional de Morena, lamento profundamente las expresiones xenófobas hacia José Manuel Sanz y mantengo firme la postura del respeto absoluto a la vida interna y decisiones de los partidos políticos, recojo con atención la recomendación del Lic. Andrés Manuel López Obrador, la campaña política terminó, ahora somos gobierno y ello requiere serenidad y mucho trabajo”.

Por otro lado, ¿de verdad quiere abrir Polevnsky el cajón de los odios históricos hacia los españoles? ¿No hay ya suficiente xenofobia en el mundo como para revivir la trasnochada visión del gachupín explotador, como si la mayoría de los mexicanos no tuviéramos algo sangre española en nuestras venas?

Respeto su decisión de cambiarse de nombre pero, ¿sabrá ella que su apellido original, Ibáñez, proviene de  “un ilustre y noble linaje de abolengo muy antiguo, castellano, y radicado originaria y concretamente en las montañas de Santander”? (heraldicablog.com).

Estoy seguro que la noticia de las palabras de Polevnsky no demoró en llegar a España –importantísimo socio comercial de México– donde estarán rascándose la cabeza, tratando de imaginar si son el presagio de un cambio en la relación bilateral.

 

PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

En abril de 2013, Angélica Rivera concedió su primera entrevista como primera dama de México. Habían pasado cuatro meses desde que Enrique Peña Nieto había tomado posesión, así que en la plenitud del sexenio La Gaviota decidió abrir su nueva vida pública a través de una entrevista que concedió a la revista ¡Hola!

Vaya ridículo el de los senadores de Morena que, en cuestión de horas, modificaron su voto. ¿A cambio de qué? Pues los seis senadores del Verde serán muy importantes para las reformas constitucionales que pretende hacer el nuevo gobierno

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