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Ante la ofensiva mediática lanzada por Felipe Calderón para demostrar que su administración fue un éxito absoluto en todos los terrenos, el virtual candidato triunfador en las elecciones presidenciales, Enrique Peña Nieto decidió romper el silencio. Y lo hizo de una manera interesante.
Felipe Calderón había mostrado ya sus cartas. Y entre ellas, el tema de la violencia ocupó un sitio destacado. De acuerdo con el aún presidente de la República, la inseguridad y la violencia se encontraban ya, es una espiral descendente, producto, claro está, de las acciones del gobierno.
Ante ello, Peña Nieto decidió ya no dejar pasar los discursos oficiales y sin entrar en un debate abierto, sí aprovechó tener a los alcaldes electos postulados por el PRI en un escenario adecuado, para lanzar dos señales muy claras.
La primera de ellas es que, ante el problema del narcotráfico, se implementará una “nueva estrategia” en lo que es una tarea irrenunciable del estado. Si es necesario cambiar la estrategia, queda claro que la implementada no ha dado los resultados esperados.
Y la segunda señal, igualmente clara y contundente: cada autoridad deberá sumir su responsabilidad. Esto es, no habrá evasión de culpas. Y ello es un golpe directo al actual gobierno, el cual se ha dedicado a encontrar culpables en todos los niveles de la autoridad, excepto en el nivel federal. Así, hay culpables en las policías, en los estados y en los municipios, pero nunca en el gobierno federal. Y Peña ha mandado la señal de que esa actitud, se ha terminado.
Pero después de un largo silencio que poco le favoreció en el período postelectoral, el candidato con mayor número de votos, aprovechó la ocasión y lanzó una señal también a los partidos rivales. Y la señal giró en torno a las tan famosas reformas estratégicas.
Peña habló de las reformas energética, hacendaria y laboral. Y sin ir al fondo del asunto por el momento, se dedicó a presentar a los partidos que serán oposición en la próxima administración, una oferta política en las que los acuerdos y la negociación deban ser la constante.
Peña sabe que para sacar adelante reformas como las citadas, requiere, a querer o no, de votos tanto de los panistas como de las izquierdas. Sabe que difícilmente podrá sacar adelante el proyecto con una alianza que lleve sólo a una de las fuerzas opositoras. Y sabe que para mantener fuera de la negociación todo lo que pueda ser tensión callejera, requiere de tantos votos como pueda conquistar.
De esta manera, el primer paso abierto de Peña Nieto asumiendo ya su carácter de vencedor, es interesante.
Puede ser que no sea suficiente y puede ser que se haya perdido mucho tiempo. Pero es claro que definidos ya todos los liderazgos en el Congreso, lo que tiene que negociarse es la agenda de trabajo.
Del mismo modo, queda claro que la ley anticorrupción, la de medios y la del IFAI pueden ser muy importantes, pero no son lo que se requiere para el despegue real del país.
Es posible que las reformas energética, laboral y hacendaria, tengan que ser modificadas y hasta “recortadas” en un momento dado. Pero ese es el centro de todo.
Si EPN quiere salir adelante, el acuerdo en estos puntos resulta clave. Y por ello primero le aclara a Felipe Calderón que diga lo que diga, en el país aún hay mucho por hacer, y le tienda la mano a los partidos políticos con una oferta de acuerdos y una agenda de temas. Después de todo, el tiempo es muy corto para el nuevo grupo en el poder.
(Norberto DE AQUINO) |