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Los primeros pasos del PRI rumbo a su regreso al poder han sido bastante simples, pero no por ello carentes de importancia. Lanzaron ideas sobre las que esperan, más que otra cosa, diálogo. Esto es, que las oposiciones respondan y participen en la búsqueda de los acuerdos.
Pero esos pasos son apenas el inicio. El resto del camino ni será corto, ni será sencillo. Es más, el PRI deberá trabajar con extrema precaución, a fin de evitar que el resultado sea, precisamente la unificación de todos en contra suya.
El PRI quiere las reformas coyunturales, Educación, Energética, Laboral y Fiscal. El compromiso está ahí. Pero los votos obliga a la negociación. Y entonces, el riesgo queda a la vista. El PAN y el PRD podrían buscar en el rechazo a los proyectos, una forma de golpear a los priistas. Y detener al gobierno y ganar con el enojo de la ciudadanía.
Esto es, por supuesto, parte de lo que persigue López Obrador con sus llamados a nulificar la elección. Quiere un gobierno débil, para presionar, llamar a rechazar las reformas y elevar el costo social de cualquier cambio que se proponga.
En este punto, la posibilidad de que el PAN se muestre favorable a esta idea no es menor. Y por ello, el riesgo para el nuevo gobierno.
En estos momentos, no son pocos lo que consideran que sacar adelante todas las reformas significaría un reto muy difícil de sacar adelante. En el caso de la reforma laboral, el PRI podría no tener no sólo los votos suficientes, sino el peso social necesario para evitar reacciones populares que quebraran el proyecto. Otro tanto sucedería en el caso de la reforma educativa. Pero en donde las cosas podrían adquirir una tonalidad políticamente muy compleja, es en el terreno de las reformas energética y en la fiscal.
Es por demás sencillo adivinar que con una reforma fiscal que abra PEMEX al capital privado, las izquierdas, con AMLO a la cabeza, oficialmente ya derrotado, dirigirse a la sociedad para “demostrar” que el “fraude” en las elecciones tenía como objetivo fundamental la “venta de la República”. Y ello a querer o no, tendría un efecto social real.
Y si al mismo tiempo se impulsará una reforma fiscal, el problema sería aún mayor. Puede imaginarse, sin problema alguno, que una reforma fiscal debería tener en el IVA uno de sus ejes reguladores. Y cualquier alza en ese impuesto, por más que se justifique con proyectos sociales, llevaría a la sociedad al reclamo, que es lo que AMLO busca.
Así, la idea de avanzar rápido en las reforma es buena. Y muchos opinan que el nuevo gobierno, con votos del PAN y el PRD, puede sacar adelante e, proyecto. Pero si se comete un error en las negociaciones, por pequeña que pueda ser, entonces el efecto podría ser el de lograr que los rivales se unan para “respaldar” el malestar social y dejar que sea el PRI y el nuevo gobierno quienes paguen el costo de cualquier cambio.
Y ello sin tocar el tema de que el PRI carece, aún con sus aliados, de los votos suficientes para lograr reformas constitucionales.
De esta manera, el PRI podría enfrentar el problema de un costo fuerte y doble. Uno al momento de conquistar los votos que requiere, y otro al momento de presentar ante la sociedad, las reformas que se quieren.
El PRI ya dio los primeros pasos hacia el acuerdo. El problema es que las oposiciones no tienen razones para responder por el momento. Tienen todo el tiempo del mundo no sólo para esperar la oferta priísta, sino para pensar, con todo detenimiento, qué es lo que pueden pedir a cambio de algunos de sus votos.
(Norberto DE AQUINO) |