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El PAN inició el recuento de lo sucedido. Quiere encontrar culpables y justificaciones para el desastre electoral sufrido. Y en ese afán podría perder el rumbo y caer aún más, antes de iniciar la recuperación.
Si los panistas suponen que expulsar a Vicente Fox de sus filas ayudará a resolver las razones de la derrota podrían simplemente, caer en el vacío. Para iniciar la recuperación y retornar a los niveles de “opción real de gobierno”, el PAN tiene que encontrar primero, algo de honestidad política.
Debe para ello, analizar con cuidado las críticas que se hicieron a los largo de los años, a los gobiernos del PRI y después, analizar las promesas que se hicieron al electorado y las causas por las que se cumplieron.
Suponer que la elección se perdió gracias a que Vicente Fox respaldó a Enrique Peña es caer en el simplismo. En el PAN se debe entender que, por ejemplo, se tomaron decisiones de venganza política que llevaron a la expulsión de Manuel Espino y que, se acepte o no, ello elevó el grado de fractura en el partido aún en el gobierno.
Los panistas tendrán que aceptar que perdieron de una manera tal que todo lo que en realidad les queda, es una importante presencia en el Congreso y que para recuperar imagen y confianza, deberán hacer un uso inteligente de esa fuerza.
Tendrán, si en verdad buscan una reconstrucción, que llegar a la negociación. Pero no como lo hicieron antes de alcanzar el poder, más que base al chantaje político que al verdadero interés de las mayorías.
El PAN deberá buscar en los acuerdos, la ruta para reconquistar el respaldo de los votantes. Deberá seleccionar con cuidado sus estrategias y dejar ver que la derrota, puede ser la lleva para el avance del país.
El problema sin embargo, es que esto no parece ser el centro de la agenda en el PAN.
Según se ven las cosas, hay un desmedido afán por la venganza y una feroz contienda interna por alcanzar el control de lo que queda del partido.
Por ello, en la reunión que se inició para evaluar los resultados, la imagen se centra en la traición de Fox, como si en realidad el guanajuatense fuera un líder capaz de llevar al desastre a un partido como Acción Nacional.
Lejos de buscar el verdadero problema y de tratar de encontrar las soluciones de fondo, en el PAN se ha desatado la batalla por el control político. Se quiere negociar con el nuevo gobierno, pero no desde la historia del PAN, sino desde la posición del oportunismo político.
Los panistas podrían poner a la vista de los ciudadanos, no sólo que la derrota fue algo merecido, sino que son incapaces de entender qué fue lo que sucedió en los 12 años que mantuvieron el poder nacional.
El PAN se derrumbó al tercer lugar como fuerza política y lejos de reunificarse para buscar el camino más corto y sólido hacia la recuperación electoral, parece enfocarse al cobro de facturas y a las venganzas de grupo.
Y si ello se convierte en la realidad de Acción Nacional, los próximos años podrían convertirse en una verdadera pesadilla para un partido que luchó largos años por demostrar que tenían proyecto de país, sólo para acreditar que en la realidad, no tiene ni siquiera un proyecto de partido.
(Norberto DE AQUINO)
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