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Oportunista, como siempre, y carente del más elemental respeto por todo lo que no pueda ser utilizado en su beneficio, Marcelo Ebrard anuncia, desde el ejercicio del poder, que al día siguiente de terminar con su mandato, iniciará su campaña en pos de una candidatura presidencial para el 2018.
Esto no tendría importancia alguna si no fuera por el hecho de que la plataforma sobre la que se quiere construir la citada candidatura se levantó desde el gobierno del Distrito Federal. Esto es, se trabajó en un gobierno, pensando siempre, en “el que sigue”.
Ebrard ha demostrado a lo largo de su trayectoria que si algo le cuesta trabajo es, precisamente la congruencia que no sea la de buscar su propio beneficio.
Así, se dio a conocer al lado de Manuel Camacho y en el gobierno de la capital del país fue siempre el brazo derecho del entonces regente capitalino. Quiso ser líder de la Asamblea, pero sin tener que correr el riesgo de buscar el voto. Le apostó a que el PRI tendría alguna derrota en la ciudad y entonces, el resultaría beneficiado por la vía plurinominal. Y fracasó.
Le apostó a la candidatura presidencial de Manuel Camacho y volvió a fracasar. Y colaboró con su jefe político en la desestabilización de la campaña electoral de Luis Donaldo Colosio. Y tras los trágicos sucesos de Lomas Taurinas, acompañó a Camacho en la creación de un partido político que nunca pudieron consolidar.
Fue diputados por el Partido Verde y fue un elemento dedicado a la crítica y ataque al poder, sólo para poder crearse una imagen.
Se sumó al perredismo para consolidar sus ambiciones. Fue titular de la policía capitalina y nunca pudo dar una explicación seria en torno al linchamiento en Tláhuac, de dos elementos de la policía atacados por la masa en esa zona.
Fue corrido del cargo por Vicente Fox y rescatado por supuesto, por Andrés Manuel López Obrador, con quien colaboró para construir el gobierno que sucedería al del tabasqueño con el compromiso de apoyar en todo lo que se le pidiera.
Así, sin más, fue artífice en el canto del gobierno “espurio” de Calderón y de respeto al “legítimo” de AMLO. No se prestaba a salir en las fotos al lado del Presidente de la República ni aceptaba el saludo de mano.
Hablaba de democracia, pero siempre que ello le conviniera.
Ahora, con un López Obrador dispuesto a no dejar el control de las izquierdas. Ebrard anuncia el inicio de su campaña con el membrete de “Equidad y Progreso”, que no es otra cosa que la respuesta al Morena de AMLO.
Pero hay algo que el señor Ebrard parece no querer que se tome en cuenta: ¿Este es el momento en el que se deben anunciar las campañas políticas personales destinadas a la conquista de una candidatura que debe discutirse realmente hasta dentro de seis años? ¿Este es tipo de “liderazgos” que requiere el país para poder resolver sus problemas? ¿Para Ebrard y las izquierdas es más importante consolidar sus posiciones personales que participar en el debate de la agenda nacional para la próxima administración?
En realidad ¿no se trata de un chantaje contra la izquierda y de un demostración de desprecio para el resto de los mexicanos?
Algo en las izquierdas no camina como es debido. Y ello no es más que el hecho de que la izquierda vive prendida, con desesperación, a los tobillos de expriístas para poder sobrevivir políticamente. Y Ebrard es un acabado ejemplo de lo que son esos expriístas.
(Norberto DE AQUINO)
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