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De entre las previsibles posturas que habrá de consensuar la declaración final de la Cumbre del G-20 reunido en Los Cabos, destaca la que se pronuncia por apoyar una mayor unión bancaria europea, como un primer paso hacia la nueva arquitectura financiera de la que se dotará la eurozona. Ello incluiría medidas para poner en marcha un supervisor único europeo para la banca, la creación de un fondo común de garantía de depósitos y medidas de apoyo a la recapitalización de las entidades.
De manera adicional los mandatarios se pronunciarán por exaltar las virtudes del libre comercio y satanizar las tentaciones proteccionistas, congruentes con el dogma económico dominante, que sin embargo cada vez cuesta más trabajo sostener, a la luz de sus decepcionantes resultados en materia de empleo y desarrollo para todos los pueblos del planeta.
Las llamadas “terceras vías” no aparecen con suficiente peso en esta cumbre, pese a las tragedias humanas que azotan a más de la mitad del mundo, ya no sólo subdesarrollado o en vía de serlo, sino aun de las otrora potencias, que se debaten en los umbrales de una recesión internacional de dimensiones impredecibles.
Para efectos de México —y más allá del exceso de confianza por la publicitada estabilidad macroeconómica que nos protegerá sólo un poquito más del golpe financiero que parece inevitable—, vale retomar el tema bancario, que ha sido el sector que, de la mano con el inmobiliario, nos han traído a este momento amargo. La crisis de las hipotecas en EU, en el año 2008, llevó a la quiebra a gigantes bancarios como Lehman Brothers. Hace un mes se detectó un nuevo “hoyo” financiero en JP Morgan, por inversiones sin control. Nada menos en España, la banca ha sido la primera en manifestar los síntomas de su codicia y falta de supervisión en la crisis de este año; de ahí que la declaración final del G-20 ponga énfasis en este tema.
Esta falta de supervisión de la banca, bajo esquemas de libertinaje financiero, es lo que debemos evitar. Autoridades hacendarias mexicanas aseguran que nuestro sistema bancario está blindado y no se cierne sobre él amenaza de ningún tipo, ni siquiera de contagio de aquellas entidades cuyas casas matrices se encuentren en Europa. Lo mismo se decía en EU y en Europa. Se nos tiene que demostrar que más allá de triunfalismos, nuestro sistema financiero está sano y es, en verdad, inmune a los malos manejos propios de la banca mundial sin contrapesos.
(Editorial EL UNIVERSAL) |