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Uno de los recelos que deben sentir los hombres que ejercen el poder absoluto, en especial cuando se acerca el final de su mandato, es cuál será el juicio con el que la historia los juzgará, o si podrán convivir sin problemas con sus conciudadanos.
A Felipe Calderón le quedan escasos cuatro meses de gestión al frente del Gobierno Federal, del segundo sexenio panista.
Es de suponer que los secretarios de despacho, ya tienen listos los llamados "libros blancos", en los que dejarán por escrito los "avances" de sus respectivas oficinas, en un balance que manipularán para presentarlo como positivo al final del sexenio. Calderón se ha empeñado en pronunciar discursos con verdades a medias, maquilladas, o engañosas; en difundir temas "positivos" y esconder a "las amigas y amigos" la inocultable realidad.
Las arengas presidenciales fueron de propaganda con propósitos mediáticos para reposicionar a su partido, que no ocultaron su afán por impulsar al panismo y a su candidata para conseguir votos. De nada le sirvió.
Estas acciones las llevó a cabo con la impunidad de quien sabe que no puede ser sancionado.
Su intervención en la campaña panista para impulsar a su candidata fue motivo para que, en varias ocasiones, el Instituto Federal Electoral lo exhortara a evitar violar el artículo 134 constitucional, al emitir varios mensajes a la ciudadanía en una velada propaganda electorera.
Mas como presidente del PAN que titular del Poder Ejecutivo y una vez que su partido fue relegado al tercer lugar de la contienda presidencial, y después de haber "legitimado" los comicios del primero de julio al felicitar por su triunfo al candidato del PRI, intervino nuevamente al opinar que "se debe castigar con todo rigor a quien haya incurrido a la compra de votos".
Sus palabras sólo alborotaron el avispero.
A unas horas de distancia de haber felicitado al ganador de la contienda presidencial, el michoacano lanzó una crítica política -de los que acostumbra, sin identificar al destinatario-, de que debe investigarse la denuncia, porque es inaceptable la compra de votos.
Fue la tercera ocasión en dos años, y la segunda en el reciente proceso electoral, en que los consejeros señalan a Calderón que trasgrede la Carta Magna y el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, esa es la tónica en este último tramo de "su gobierno".
Al margen de los problemas que se derivarán de las protestas del candidato de las "izquierdas" a la mexicana, Andrés López, el futuro Presidente de México recibirá una nación insegura, con altos niveles de violencia, desempleo, mayor pobreza, dividido y con graves problemas sociales.
La violencia y el caos delincuencial aumentan sobre gran parte del territorio nacional.
Antes de que concluya el segundo sexenio panista, se podrían acumular más víctimas, no todas ellas de miembros del crimen organizado, muchas serán de las llamadas "daños colaterales", que es un eufemismo que las autoridades usan para negar la existencia de víctimas inocentes.
De acuerdo con las cifras oficiales, en la fecha en que entregue el PAN poder presidencial, el número de víctimas podría superar un saldo sombrío de 70 mil.
La percepción de "las amigas y los amigos" es que al término de la administración calderoniana, será inevitable realizar un balance y una investigación sobre lo ocurrido en este periodo.
Tal vez no sea el juicio de la historia, pero Calderón debería empezar a preocuparse.
Otros saldos negativos: tanto el Instituto de Estadística y Geografía (INEGI) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en sus más recientes informes revelaron que a la fecha existen 52 millones de mexicanos en situación de pobreza, más de tres millones de desempleados, 16 millones de los llamados auto-empleados, categoría que la actual administración utiliza para tratar de ocultar el alto índice de desempleo.
La llamada clase media se ha visto mermada y afectada en sus ingresos, y está cada día más endeudada. Las reservas millonarias en dólares no han servido para mejorar la economía familiar, que cada día está amenazada con nuevos aumentos en los precios de alimentos.
Seguramente Felipe Calderón pasará a la historia como el presidente que provocó el incremento de la violencia y la inseguridad, además de no cumplir su compromiso de campaña con los empleos que prometió.
La conclusión la dieron los millones de electores el domingo 1 de julio, quienes enviaron a él y a su partido al nada honroso tercer lugar.
El juicio de los mexicanos y de la historia, seguramente no le será favorable.
¿Está preparado Felipe Calderón para ser recordado como el Presidente que llevó al país a la peor era de violencia y descomposición social que se recuerde?
¿Sabe que podría ser recordado como el mandatario que condujo a la nación a una guerra que no produjo resultados positivos? ¿Calderón y su partido harán alianza con sus adversarios políticos para obstaculizar a la próxima administración federal? ¿Dónde acabará Felipe Calderón?.
(Organización Editorial Mexicana) |