|
“El Sabio nunca dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”. Aristóteles
En una de las tantas veces que tuve la oportunidad de trabajar y reflexionar por horas, semana a semana, el comportamiento de la política nacional y local con Don Carlos Sansores Pérez, en relación con la enfermedad que da a los políticos el poder, el experimentado general, en base a sus lecciones de vida, me otorgó su punto de vista y descalificó a quienes no utilizan la política como un verdadero instrumento de servicio en favor de los ciudadanos y en cambio la utilizan para cualquier cosa menos para lo que debe de aplicarse: servir a la gente.
El interlocutor fue campechano de origen, reconocido nacionalmente por la clase política y quien en vida contó con entrañables y muy queridos políticos yucatecos. El político recordó parte de su trayectoria y relató su paso como diputado local, diputado federal en varias ocasiones, gobernador de su Estado, presidente de las Cámaras de Senadores y de Diputados, Presidente del CEN del PRI, Director General del ISSSTE, entre otros, cargos que a la postre lo llevaron a ser un connotado político, un hombre muy querido y respetado a nivel nacional no solo por encumbrados personajes, sino también por el ciudadano de a pie, el campesino y el obrero que siempre buscaron su don de gente, sus sabios consejos y el invaluable apoyo del amigo.
El Maestro – a quien recuerdo en reuniones rodeado de personajes de la política nacional que buscaban sus consejos -, permitió hablar del tema con amplitud, y sus palabras, aun cuando él ya no se encuentra entre nosotros, cobran vigencia y calidad moral para ser perpetuadas.
Vienen a mi memoria los momentos de entonces, así como los cambios que se observaban en los amigos que luchaban por empoderarse. Ante esos hechos, esa tarde, tuve la curiosidad de preguntarle si el poder político mareaba a los que lo ostentaban. Delicado de salud como estaba, pero gozando de total lucidez, mi añorado amigo, desde su acostumbrado sillón ubicado frente a su televisor, el “negro Sansores”, maestro e impulsor de muchos políticos locales, regionales y nacionales, escuchó atentamente, rió a carcajadas y contestó sin vacilar: “El poder marea a los pendejos”. Luego llevó su mano izquierda a la barbilla y agregó:
-El poder hay que saber dominarlo, porque si no te apendeja, afirmó. “El que lo obtiene tiene que saber que el verdadero poder no se compra, ni se roba, se gana. El verdadero poder, se comparte, se admira y se teme. Hay que tener cuidado al ejercerlo, porque el poder es la llave que también abre más puertas podridas. Hay que tener cuidado siempre, y no olvidarse de mantener la pureza de los principios. Hay que ayudar, ayudar a todos, porque el que te busca lo hace porque te necesita”.
En esa ocasión la plática surgió ante los drásticos cambios que se observaban entre los nuevos políticos de entonces en Campeche que apenas y vislumbraban su asunción al poder. Sus cambios de actitudes llamó mi atención, porque dejaban sus acostumbradas mesas de café, cambiaban sus zapatos rotos y camisas viejas y mal lavadas, resultado de su posición económica deteriorada, pero que ante su posible empoderamiento, se convertían poco a poco en personajes infumables, se creían, desde entonces, dueños de vidas y haciendas.
Con el paso del tiempo, esos sujetos, resultaron fieles retratos de muchos de los que hoy son servidores públicos de circunstancia.
La plática dio para más, y Don Carlos Sansores, cuya privacidad siempre fue interrumpida por la innumerable cantidad de personas que acudían para saludarlo, rememoró muchas de sus experiencias y volvió a recordar: “Estos no son tiempos para cambiar sencillez por soberbia y menos por prepotencia e irresponsabilidad; “el político siempre debe seguir siendo humilde y mantener los pies sobre la tierra, porque los cargos no son eternos y hay que saber utilizarlos para servir a quien lo necesita”.
Esta conversación la traigo a colación porque en uno de mis tantos espacios de ociosidad recordé a muchos de los que hoy se desempeñan como “servidores públicos” en Yucatán, y son muy contados aquellos que no conocí antes de que huelan el poder, por ello es imprescindible agregar a esta reflexión que los recuerdo sencillos, con vestimentas moderadas, automóviles compactos los menos, los más llevaban ropas raídas, con mangas tan cortas que casi dejaban ver sus hombros; otros hablaban de sus deudas, fumaban cigarrillos de marca “Delicados”; se “refrescaban” en cantinas baratas y de dudosa reputación; andaban a pié, te buscaban para “hacer proyectos”, o te contaban el apoyo económico o las comidas que les daban los amigos para que subsistieran.
Hoy, empoderados, esos mismos se transformaron, se convirtieron de modestos busca chambas en poderosos perdonavidas, se olvidaron de la gente que les dio oportunidades para asumir el poder, cerraron las puertas de sus oficinas a todo ciudadano que requiere de su atención como servidores públicos, evitaron asumir sus responsabilidades como funcionarios, los más, se volvieron visitantes consuetudinarios a bares y cantinas del norte de la ciudad, se convirtieron en invitados permanentes y clientes exclusivos de casas de masaje, antros y prostíbulos.
Se autoinvistieron como miembros de la alta sociedad y no dejaron de mostrar sus ostentosas joyas, sus imponentes camionetas y mucho menos esconder sus opíparas comidas en lujosos restaurantes bañadas con carísimas y espumosas bebidas con cargo al erario público. Es tan grave su caso que muchos no se suben a sus vehículos si estos no son manejados por choferes. En pocas palabras los mareó el poder, y esto no solo lo observamos entre los políticos del patio, a nivel nacional también lo encontramos muy marcado.
A diferencia de la conseja de Don Carlos Sansores Pérez, los nuevos millonarios creyeron que el poder se lo dieron para subordinar, oprimir, obligar, discriminar, despreciar, marginar, intimidar, engañar, insultar, menospreciar, subestimar, olvidar, maltratar...., y al mismo tiempo justificarse, enorgullecerse, y peor aún, adinerarse con recurso que no es suyo.
Pero si valoramos a conciencia, y aceptamos sin conceder, el poder lo contamina todo, es tóxico, y muchos de esos nuevos millonarios llegaron sin la preparación adecuada. Esta es la primera vez que logran una posición de decisión. Se olvidaron o nunca supieron que sólo es posible mantener la pureza de los principios mientras se entienda bien el porqué y para qué los ciudadanos les otorgaron el poder. Pero, es ahí donde el asunto se derrumba, cuando las convicciones se enturbian al no entender el quehacer de sus posiciones y evitar la suciedad del poder, cuando los que se sienten poderosos entorpecen el desarrollo de proyectos que no les dejan ganancias y quienes en su verdadera locura todavía quieren convertirse en diputados para protegerse con el fuero y ponerse a distancia de la justicia para evitar el castigo por sus atracos al dinero público.
Es cierto que nada hay más embriagador que el triunfo, pero tampoco nada más peligroso que ejercer el poder cuando no se está preparado para ello. Y es que el poder puede llevar al individuo a extralimitarse y obnubilar su capacidad de raciocinio con que ha de manejarlo. Por ello se asegura que “el poder marea a los pendejos y a los tontos los idiotiza”.
Hoy, cuando el PRI ya hizo oficial la precandidatura de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República, el PAN ya registró a dos precandidatos al Gobierno del Estado, y a escasos meses de registrar aspirantes para las administraciones municipales, estatal y federal, así como de elegir nuevos representantes populares, en todo el país, vale la pena traer a la mesa ese importante diálogo de no más de 10 años atrás, para que aquellos que aspiran a gobernar o representar ciudadanos, lo tengan muy en cuenta, analicen detenidamente su equipo de futuros colaboradores para impedir manos largas en sus respectivos grupos y evitar su ingreso a las filas de esos personajes detestables.
Lo que nunca debe de olvidarse es que al PRI, el pueblo le quitó el poder en Yucatán precisamente por eso y se lo devolvió cuando encontró en el PAN actitudes similares. Hay que tener siempre presente que en los tiempos de la política de hoy, a los perros ya no se les amarra con longaniza, y que el ciudadano piensa diferente y tampoco se deja engañar, luego entonces a revisar actitudes y mantener humildad, responsabilidad y honradez.
|
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.