|
Por lo visto, los panistas están dispuestos a destruir todo su pasado y a entorpecer su futuro, antes que ceder a la inteligencia y dejar de lado las venganzas y los rencores para poder retomar la ruta de reconstrucción de sus posiciones.
La batalla interna por acceder al control de los restos del PAN se esperaba intensa y desgastante. Pero los cálculos podrían haberse quedado cortos.
Felipe Calderón había iniciado las hostilidades con movimientos claros que no permitían suponer que se tolerarían indisciplinas. Reuniones con liderazgos locales sin tomar en cuenta a la dirigentes del partido o a la excandidata presidencial. Mensajes cifrados para que todo mundo entendiera las cosas y por supuesto, el recibir a Enrique Peña en Los Pinos para marcar, con toda precisión, el dónde y el cómo de las futuras negociaciones entre Acción Nacional y el nuevo poder presidencial.
Esto llevó a pensar que la batalla se mantendría, como es tradicional en el PAN, dentro de las fronteras partidistas. Pero las cosas han cambiado. Y Gustavo madero lanzó una respuesta que no por burda, deja de ser peligrosa.
Madero, en su calidad de presidente del PAN ha mantenido una línea contraria a las posiciones del presidente de la República. Así, Calderón felicita al “candidato que más votos obtuvo”, en tanto que Madero cuestiona la elección.
El presidente Calderón habla en diversas ocasiones sobre su postura como demócrata y muestra un talante acorde con la votación en favor del PRI. Y en respuesta, Madero habla de la posibilidad de que el PAN no acuda a la toma de posesión de Peña Nieto el próximo 1o de diciembre y cuando se realiza la minicumbre en Los Pinos, se lanza a una conferencia conjunta con Jesús Zambrano, presidente del PRD, para avalar las acusaciones hechas por Andrés López contra el PRI por “lavado de dinero”.
Pero en su accionar, Madero ha sumado un problema más para el PAN. Al principio se pensó que Madero buscaba consolidar su posición y evitar que la factura de la derrota se le cobrara sólo a él. Esto es, no quería se la “cabeza de turco” en Acción Nacional.
Pero ahora lo que esta claro es que no sólo no quiere dejar la dirigencia del PAN, sino que está en franca oposición a los intentos del grupo de Felipe Calderón por quedarse con el control del parido una vez que se inicie el nuevo gobierno.
Y esto podría se entendible. Llamaría la atención el nivel de la batalla y el hecho de que el PAN salga ante la opinión pública a dar semejante espectáculo.
Pero en esto momento, Madero abrió un frente de batalla que a la larga, puede costarle muy caro a los panistas.
El PRI se defendió mediante el ataque. Y ha llevado ante la PGR una demanda por difamación en contra de perredistas y panistas. Y si bien los perredistas intentarán desacreditar todo el problema mediante la tradicional fórmula de la victimización, la interrogantes radica en saber la forma en la que los panistas querrán procesar el problema.
Si las autoridades electorales fallan a favor del PRI y no hay pruebas del lavado de dinero, el perredismo se dedicará denunciar un “nuevo fraude”. Pero el PAN quiere ser parte del gobierno vía las negociaciones en el Congreso. ¿Y cómo podría serlo si tiene tras de sí una denuncia semejante?
Claro está que el PRI, llegado el momento, puede dejar la denuncia a un lado. Pero ¿los panistas pueden pagar este tipo de facturas extras, producto de los afanes particulares?
Madero se ha aliado con el diablo en busca del control partidista. Y podría perder todo en muy poco tiempo.
(Norberto DE AQUINO)
|