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Alberto Loret de Mola / Director General: Cristián Loret de Mola.

Frida Ghitis
(CNN) — Donald Trump y Vladimir Putin se reunirán en julio. ¿Qué podría salir mal? Si la historia reciente nos sirve de guía, no nos faltan razones para preocuparnos.

Rusia se apresuró a anunciar la cumbre antes de que se afinaran los detalles, lo que tal vez revela el entusiasmo del Kremlin. Después de todo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es quien tiene más que ganar de la polémica reunión. Los principales perdedores, dependiendo de cómo actúe el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su julio ajetreado en el escenario mundial, podrían ser los principales aliados y la seguridad de Estados Unidos.
Desde los primeros días de su campaña presidencial, Trump mostró sin tapujos que admira al hombre fuerte de Rusia. Ya en la presidencia de Estados Unidos ha demostrado una tozuda renuencia a reconocer que el gobierno de Putin interfirió en las elecciones de 2016 e insiste en minimizar las fechorías de Rusia.

Todo eso se ha sumado a las burlas y las críticas constantes de Trump hacia los mejores amigos de Estados Unidos. Esta política exterior de halagar a tus enemigos y patear a tus amigos podría llegar a su punto más dramático en las próximas semanas, ya que Trump se reunirá no solo con Putin, sino con los aliados de Estados Unidos en la cumbre de la OTAN en Bruselas y en su visita a Londres.
Tal vez Trump nos sorprenda, pero lo que hemos visto hasta ahora explica por qué hay tanta aprensión entre los aliados de Estados Unidos y tanto gozo en Moscú. Todo indica que Trump tratará a sus aliados con desdén y que bañará a Putin en halagos pese a que el mismísimo jefe de los servicios de inteligencia de Trump ha declarado que los rusos no solo interfirieron en las elecciones pasadas, sino que siguen atacando la democracia estadounidense. Pese a todo, los riesgos van más allá de lo simbólico.
El itinerario nos hace pensar en las reuniones que Trump sostuvo en junio y que dejaron a los mejores amigos de Estados Unidos cerca de la desesperación. Recordarán que Trump asistió a la cumbre del G7 en Canadá. Antes de partir, declaró que Rusia debería volver a incorporarse al grupo exclusivo de democracias del que fue expulsado por la anexión ilegal de Crimea.
Aunque Putin tenía mucho que celebrar, los amigos de Estados Unidos estaban alarmados por la conducta de Trump. Luego, Trump viajó a Singapur para reunirse con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un. No solo halagó exageradamente a uno de los dictadores más brutales del mundo, sino que hizo concesiones concretas con las que no ha habido reciprocidad.

Al ver El arte de la negociación de Trump en acción, los amigos de Estados Unidos están sumamente preocupados.
La idea de que Trump se reúna con Putin abre la puerta a toda una gama de posibilidades preocupantes. Trump bien podría sorprendernos a todos. Podría manifestarse claramente en contra de que Putin tome el territorio de otro país y en contra de su interferencia en las elecciones de otro país.

Podría mostrar un frente unido con los aliados en la OTAN y declarar categóricamente que Estados Unidos sigue comprometido con la defensa mutua y con la misión de Estados Unidos y la OTAN de mantener un escudo protector sobre Europa del Este, que teme a las políticas expansionistas de Rusia.

Si la cumbre de la OTAN muestra una alianza unida, situación que nunca había estado en duda antes de que Trump asumiera la presidencia, habrá sido un éxito. Pero parece poco probable.


Trump no ha cedido en su discurso anti-OTAN. En uno de sus discursos más extraños, a finales de junio, volvió a quejarse de lo mucho que la alianza le cuesta a Estados Unidos.

El paralelismo con Corea del Norte es ineludible. Tras reunirse con Kim, Trump anunció que cancelaría los ejercicios militares con Corea del Sur con el argumento de que así ahorraría mucho dinero, pese a que a los estrategas militares les preocupaba que fuera una concesión enorme a Corea del Norte. Polonia teme que le haga un regalo parecido a Putin. Anna Maria Anders, senadora y secretaria de Estado de Polonia, dijo que los polacos temen que Putin "conquiste" a Trump con sus encantos. "Sobre todo —dijo— no queremos que retire a las fuerzas estadounidenses de suelo polaco". El miedo es palpable. "Estamos rezando para que esto no pase".

Es difícil no notar el nerviosismo profundo de Europa. El ex vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que varios líderes europeos le han dicho que la conducta extraña y ofensiva de Trump los ha dejado confundidos respecto a sus intenciones. "Hay una ansiedad abrumadora", dijo Biden, a lo que agregó que es "la crisis transatlántica más grave en 70 años" con consecuencias desastrosas para Estados Unidos.
Eso no es más que música para los oídos de Putin. Desde su perspectiva de Rusia contra Occidente, una alianza occidental debilitada significa una Rusia más fuerte.
Entonces ¿qué quiere Putin de Trump? Trump ya cumplió uno de sus principales objetivos. La angustia y la incertidumbre de los aliados de Estados Unidos respecto a la próxima reunión es un triunfo estratégico enorme para Moscú.

Pero más allá de la reunión en sí —que es un triunfo para Putin—, Rusia tiene más objetivos. Sin duda entre ellos está el levantamiento de sanciones. Estados Unidos y sus aliados las impusieron en respuesta a la anexión de Crimea. Por su parte, Estados Unidos impuso más sanciones por la interferencia rusa en sus elecciones presidenciales y por los abusos a los derechos humanos.
Para Rusia, la ley conocida como Ley Magnitsky es particularmente irritante. A Putin le encantaría que Trump aceptara la anexión de Crimea, que le restara importancia a su intervención en la guerra civil en Ucrania y que ignorara las inquietudes ante un Putin que ha desmantelado lo que era una democracia rusa incipiente.

Trump no puede levantar las sanciones unilateralmente, pero aunque no le conceda a Putin ninguno de sus deseos durante la próxima cumbre, Trump ya le dio al presidente de Rusia lo que más quería: el debilitamiento de los lazos que unen a las democracias occidentales, cosa que permitió a Estados Unidos liderar la alianza más fuerte del mundo a lo largo de los pasados 70 años. ¿Qué más podría salir mal?

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