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¿Había usted escuchado que el oro se come?
No dudo que usted, querido lector, tenga un gusto exquisito por los alimentos (digo, está usted leyendo esto), y no es mi intención cuestionar sus refinados gustos, pero este su humilde servidor nunca había considerado que uno de los metales más valiosos se empleara para comer. Y resulta que sí, se come y se paladea.
Y es que, hablando de postres, cuenta la historia que la trufa de chocolate fue creada para celebrar la navidad en el año de 1895, y en honor a la verdad, su exquisitez ciertamente nos recuerda las delicias de la cocina de antaño. En la industria de las delicias culinarias, destaca la marca "Boccatto di Cardinale", que con el tiempo se ha convertido en sinónimo de bocados únicos. Procuran siempre que la naturaleza y calidad de los ingredientes se refleje en cada bocado. De hecho, el slogan de la firma es que sus productos son sólo para aquellos que buscan lo mejor. Y sin duda alguna, llevan las cosas al extremo, y para muestra un botón, han creado una trufa de chocolate cubierta nada más y nada menos que de oro de 23k comestible, y a través de un proceso totalmente artesanal logran la magia del olor, sabor y textura.
Esta increible combinación de lujo, glamour y sabor, hace que en cada bocado se disfrute del más puro arte transformado en placer.
La trufa de oro, es el regalo ideal para toda ocasión, ya sea romántica o de pura auto complacencia.
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