Miercoles, 22 de Mayo del 2013
Nuestra verdad incómoda PDF Imprimir Escribir un correo electrónico
Escrito por Moisés Pineda   
Jueves, 07 de Abril de 2011 19:46

Groenlandia se derrite, el rio Lerma en México se seca a ritmos acelerados, la tierra sacude países como Haití, Chile y recientemente  Japón, a este ultimo dejándolo totalmente vulnerable, sin mencionar que un sismo de magnitud 6,7 se registró este jueves  en nuestro país, algo está pasando con la tierra, y lo que está pasando en cada rincón del planeta afectara pronto a México.

Nuestro país  ha padecido una larga lista de catástrofes medioambientales en los últimos 15 años. El rosario es de miedo e incluye dos elementos conjugados para destruir: el fuego de los espectaculares y devastadores incendios que, en 1998, arrasaron 849 632 hectáreas en todo el país y mataron a 71 personas. Y el agua con que el huracán Wilma azotó a Cancún en 2005, causando pérdidas por 1751 millones de dólares a las aseguradoras.

Pareciera más fácil encontrar catástrofes que la normalidad hoy en día, pero es una realidad; En México el 64% de los suelos han sido destruidos por la mano del hombre. Es un desperdicio rampante y no se debe a la explotación. Cada momento, casi dos terceras partes del territorio mexicano están perdiendo valor. En cuanto al agua, las inundaciones subieron 41 por ciento en los últimos 10 años y  muchas veces el agua es demasiada o insuficiente; dibuja postales de sobreexplotación, sequía e inundaciones.

El abandono Rural y la pobreza rural llegan a tener un papel clave en la situación ambiental del país. El sector agropecuario consume más del 50% del agua disponible  y la usa de manera ineficiente.

Una realidad es que conforme se derritan los polos, el agua de los mares irá en aumento, siendo las costas las primeras afectadas , y ciudades como Cancún, Chetumal, Ciudad del Carmen , Campeche y la isla de Cozumel están en riesgo de inundarse por una subida de medio metro en el nivel del mar considerando mareas y tormentas.

Y  después de titubear durante tantos años, las sociedades, no solo en México sino en el mundo ahora aceptan la existencia del calentamiento global, ya que en los últimos 5 años las catástrofes ambientales han ido en aumento.

Ahora ven la forma en la que la naturaleza azota países enteros, y piensan que algo está cambiando. Es posible que a miles de kilómetros,  los ejecutivos mexicanos de las grandes empresas no lo sientan todavía bajo sus pies, pero los inversionistas lo están teniendo en cuenta para que sus apuestas sean lo más de largo plazo que puedan y los gobiernos, como el de Chile y EU, incluyen el tema en sus acuerdos comerciales bilaterales.

Hay un error muy común, en el que muchos creen todavía que si cuidan y protegen a ciertos animales en peligro de extinción están salvando al mundo. No digo que ya no se protejan, pero eso no es suficiente.

Hoy en día existe un cúmulo de buenas intenciones gracias a que por primera vez en el 2007 el gobierno federal anuncio un plan con metas concretas para reducir sus emisiones dentro de un plan nacional de desarrollo.  Al igual que hoy en día las grandes empresas responsables del 30 por ciento de las emisiones industriales  reportan sus gases de efecto invernadero.   Pero ciertamente existe un debate en todo esto, ya que  al medir el impacto de algunos procesos productivos en el cambio climático, se plantea también una necesidad de modificar patrones de producción y consumo, lo que sin duda tendrá un impacto en el crecimiento económico, y en los modelos de negocios de ciertas industrias y empresas que se tendrían que ajustar al deterioro ambiental y social que corre a velocidad crucero. Cualquier tipo de consumo deja una huella, y mientras más consumo y poder masivo tenga una empresa, más profunda será la marca en el medio ambiente.

Mas que ser una fuerza apocalíptica, el cambio climático será un reto para todas las sociedades del mundo y pondrá a prueba su habilidad para adaptarse a diferentes circunstancias. Esa capacidad no necesariamente depende de su poder o riqueza, como fue evidente tras el tsunami y terremoto que azotó Japón.

Adaptarse y reconstruir será el plan de cada día de las sociedades ante estos cambios, pero el reto será aprender a prevenir. Y para prevenir lo primero que uno tiene que hacer es ver.

Los problemas ambientales no son abstractos y lejanos: son concretos y cercanos.

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